|
Mara Ros, hija de Europa
Josep Carles
Laínez
Una mujer blandiendo una brillante espada, un bosque bajo
la luz solar, y una enorme piedra-altar donde un lobo, en un aullido
prolongado, llama al encuentro de nuestra raíz y nuestra victoria. Ésas
son las imágenes de la portada del primer cedé en solitario de la cantante
Mara Ros,
Hija de Europa.
Con anterioridad a este trabajo ya había colaborado en los álbumes
editados por Axis Mundi (no confundir con la banda francesa de querencias
góticas), pero se trataba de intervenciones puntuales y no de un disco de
diez temas cuya música está compuesta (casi) en su totalidad por
Michael Müller,
siendo las letras de bien diversos autores.

Antes de entrar en algunos de los temas de
Hija de Europa,
creo necesario reflexionar sobre lo que supone la aparición de un disco
como éste. La misma cantante, en el apartado “Saludos y agradecimientos”
del
libretto,
escribe:
Espero que este
álbum sirva para completar un estilo de música que en nuestro movimiento
en España está bastante abandonado, y sirva como referente futuro.
El sintagma “bastante abandonado” es demasiado benigno. En España, por
desgracia, la música identitaria es una rareza de la que nos sacan del
letargo sorpresas como
Hija de Europa.
Mara Ros, por ello, se ve precursora y pionera de algo no muy usual: la
canción política, la canción protesta, que no tiene su fuente en los mitos
y falsedades de la izquierda. Hay además un segundo aspecto muy
resaltable: el hecho de que Mara Ros sea una mujer, y que además cante lo
que canta. En un mundo de exaltación de lo viril, las fotografías
centrales del
libretto
sirven para ir moldeando un imaginario artístico, la familiaridad con
quien hace de la música su modo de expresión, y, de este modo, ayuda a la
creación de ese mural donde cualquier elemento enriquecedor ha de ser
siempre bienvenido. La imagen certifica una presencia, y origina a la vez
un mundo donde quien lo desee puede verse reflejado. Pienso, eso sí, que a
alguna foto de estudio (Mara Ros con la espada en un plano frontal) podría
habérsele sacado un partido mayor. Pero no deseo seguir desentrañando el
libretto
del álbum. Si lo he mencionado ha sido por la importancia simbólica que ha
de tener
Hija de Europa
en el conjunto del movimiento nacionalista europeo español.
Por desgracia, hay un “pero” en este primer trabajo de
Mara Ros: hubiera deseado encontrarme con algún tema escrito o compuesto
por ella. De hecho, lo primero que hice, si soy sincero, es leer los
nombres de los autores de letra y música, para empezar la audición por
aquel donde la cantante hubiera estado más presente en todo el proceso
creativo. Si el movimiento identitario español necesita solistas y bandas,
necesita más aún que artistas como Mara Ros se lancen a la composición y a
la escritura. Espero que
Hija de Europa
sea el trampolín para tal cosa.
Las canciones del disco donde Mara Ros explota con mayor
fuerza no son necesariamente las que podrían adscribirse a un contenido
más
pop.
En nuestro reducido mundo cultural, no hay muchos precedentes musicales
como para sacar partido. Por eso el presente disco se ha de ver también
como campo de pruebas (rítmicas, melódicas, líricas, instrumentales…)
Unifica a Hija de Europa la voz femenina y la música de Müller, quien
compone hermosas melodías que no siempre son pegadizas, pero que se hacen
gratas a la escucha. Por su parte, tanto en “No olvido”, como en
“Desolación”, “Inconformista”, “Boia chi molla!” o la que da nombre al
álbum, “Hija de Europa” (con letra de
Juan Antonio
Llopart),
la cantante ignora por un momento la sujeción musical tipo cantautor para
lanzarse al grito y a la consigna, para mover al oyente a la sacudida. En
especial, aquellos fragmentos donde el aspecto femenino se ve resaltado (No
amor, no me moveré, soy mujer, / no me entregaré
de “Boia chi molla!”; o
Levanta el
brazo, hija de Europa, / sin miedo, no estás sola
de “Hija de Europa”) son las que aportan esa bocanada novedosa que lleva a
apreciar aún más el esfuerzo de este disco.
Las canciones no
tienen un programa, las canciones son el programa, por lo que sería mero
esteticismo pretender escapar de su contenido. La letra (de Compagnia del
Anello, Céltica, Estirpe Imperial, Amici del Vento…) y la música están
supeditadas a él, y Mara Ros se yergue en la aceptación de cuanto ellas
dicen. Y en asumirlo a través de su dicción: a veces, lineal; a veces,
desgarrada; otras, eufórica; algunas, guerrera.
En conjunto, no se puede sino celebrar la aparición de
Hija de Europa.
Faltan aún muchas cosas (quizá algo no baladí: un mercado), pero la
existencia de disco y de productora son un indicativo de que algo se
mueve. Lo más importante es que la canción identitaria española tiene ya
un nombre, y es de mujer: Mara Ros.
www.elmanifiesto.com
[31 de agosto de 2008]

__
.
|